Alianza entre Instituto Forestal (INFOR) y Grupo Empresas Chilquinta
desarrolló herramientas genéticas pioneras para identificar especies
subterráneas del norte de Chile. El conocimiento será abierto y podría
transformar la conservación ambiental y la restauración ecológica de zonas
áridas.
Cada cierto tiempo, el desierto florece y sorprende al país entero. Miles de flores
aparecen donde antes parecía no existir vida. Pero bajo ese fenómeno existe una
historia menos visible: especies que permanecen enterradas durante años,
sobreviviendo en silencio y esperando las condiciones adecuadas para emerger.
Comprender qué son, cómo sobreviven y cómo protegerlas es el objetivo de una
investigación inédita desarrollada entre el Instituto Forestal (INFOR) y el Grupo
Empresas Chilquinta, trabajo que por primera vez en Chile incorporó análisis
genético para identificar especies de geófitas presentes en zonas áridas y del
desierto de Atacama.
El estudio corresponde a la primera publicación científica asociada al proyecto
Nueva Línea Maitencillo – Punta Colorada – Nueva Pan de Azúcar 2×220 kV,
2×500 MVA, línea de Transmisión Eletrans 3, del Grupo Empresas Chilquinta, que
representa un avance pionero para la investigación ambiental del país.
“Esta forma de extracción de ADN de plantas geófitas no existía como
investigación ni como desarrollo en la academia. Es inédita en Chile”, explicó
Andrés Quintana, Subgerente de Medio Ambiente y Comunidades de Chilquinta.
La investigación permitió determinar desde qué parte de estas especies —raíces,
hojas o tallos— es más efectiva la obtención de ADN para su identificación
genética.
Entender lo invisible para poder protegerlo
Muchas de estas especies permanecen bajo tierra durante largos períodos y solo
aparecen cuando existen precipitaciones o condiciones favorables.
“Los bulbos son especies que muchas veces no vemos. Solo emergen
cuando existe humedad o lluvia. Lo que buscamos es conocer su ciclo
biológico para seguir propagándolos y restaurar ecosistemas”, explicó
Sandra Gacitúa, gerenta regional de INFOR Coquimbo.
Hasta ahora, identificar estas especies antes de su floración era extremadamente
complejo.
“Con herramientas moleculares hoy podemos reconocer qué especie existe
antes de verla florecer, permitiendo protegerla y generar mejores planes de
conservación”, añadió.
La herramienta podría transformarse en apoyo para restauración ecológica,
compensaciones ambientales y futuras decisiones sobre conservación en zonas
áridas.
Una herramienta para construir con más información y proteger mejor el
territorio
Además del valor científico, esta investigación podría convertirse en una
herramienta concreta para futuros proyectos de infraestructura, energía y
desarrollo que requieran intervenir territorios donde estas especies permanecen
ocultas bajo el suelo.
Hasta ahora, muchas empresas enfrentaban dificultades para identificar con
precisión qué especies existían antes de ejecutar obras, situación que
complejizaba procesos asociados a compensaciones ambientales, restauración
ecológica y medidas comprometidas en Resoluciones de Calificación Ambiental
(RCA).
Con esta metodología será posible reconocer determinadas especies antes de
intervenir un territorio, facilitando acciones de conservación, propagación,
relocalización y reforestación más efectivas.
“Antiguamente, cuando se desarrollaban proyectos o líneas de transmisión,
muchas veces no existían herramientas para identificar con certeza qué
especies estaban presentes bajo el suelo y cómo protegerlas. Esta
investigación entrega información valiosa no solo para nosotros, sino
también para otras empresas y futuros proyectos que requieran desarrollar
compensaciones ambientales más efectivas”, explicó Andrés Quintana.
Desde Grupo Empresas Chilquinta enfatizaron además que el conocimiento
generado no quedará restringido a una sola organización.
“Esta información será pública y quedará disponible para cualquier empresa,
institución o proyecto que necesite aplicarla. La investigación debe
transformarse en una herramienta práctica para mejorar la conservación, la
restauración ecológica y el cumplimiento ambiental”, agregó Andrés Quintana.
La disponibilidad de esta información permitirá fortalecer futuros planes de
reforestación y propagación de especies nativas, aportando evidencia científica
para decisiones ambientales más precisas y sostenibles.
Detrás del desierto florido hay especies en riesgo
La investigación también permitió avanzar en el conocimiento sobre especies
nativas amenazadas, muchas vinculadas directamente al fenómeno del desierto
florido.
José Hernández, investigador de INFOR Coquimbo, explicó que el trabajo
comenzó meses atrás mediante recolección en terreno, análisis de semillas y
estudios de germinación para comprender cómo estas especies logran sobrevivir y
reproducirse.
“Recolectamos semillas de especies nativas en peligro de extinción para
estudiar cómo germinan, bajo qué condiciones sobreviven y cómo podemos
propagarlas para evitar su desaparición”, señaló.
El proceso contempla germinación, adaptación en viveros y eventual
establecimiento nuevamente en terreno.
“Existe demasiado desconocimiento respecto a cómo germinan estas
especies, cómo sobreviven o cómo logran establecerse en zonas tan áridas
del norte del país”, agregó el investigador.
Ciencia para las personas y para futuras generaciones
Desde INFOR enfatizaron que el objetivo del trabajo es que el conocimiento
generado trascienda la investigación y llegue a comunidades, instituciones y
futuras generaciones.
“Nuestro trabajo tiene sentido cuando ese conocimiento llega a las personas.
Estas especies poseen un enorme valor ecológico, pero también económico
para zonas rurales”, indicó Sandra Gacitúa.
Uno de los elementos destacados es que la información obtenida será pública.
“Este conocimiento quedará disponible para todo el país, para empresas,
instituciones y cualquier persona interesada. Queremos que la investigación
pueda aplicarse en la práctica”, sostuvo Andrés Quintana.
Primer centro tecnológico rural impulsará investigación ambiental en el
norte
La alianza entre ambas instituciones considera además la creación del primer
centro tecnológico orientado a investigación xerofítica y zonas áridas en una
localidad rural de la Región de Coquimbo.
La iniciativa surge tras un convenio mediante el cual Grupo Empresas Chilquinta
puso a disposición terrenos asociados al proyecto Eletrans 3, permitiendo
proyectar laboratorios, espacios de investigación aplicada y capacitación
comunitaria.
“Como compañía tratamos de ir más allá del cumplimiento. La investigación
y desarrollo entrega herramientas técnicas al país y permite aplicar
conocimiento en la práctica”, afirmó Andrés Quintana.
El futuro centro incorporará espacios para investigación aplicada, producción de
especies nativas, laboratorios y formación dirigida a comunidades.
“Por primera vez tendremos un centro de investigación en una zona rural,
fortaleciendo la descentralización de la ciencia en la zona norte”, destacó
Sandra Gacitúa.
El futuro centro buscará fortalecer investigación, restauración ecológica y
formación vinculada a biodiversidad en ecosistemas áridos.
Para INFOR, el proyecto representa un avance relevante en investigación
ambiental y descentralización científica.
“Estamos orgullosos de haber concretado esta alianza. Esperamos
prontamente inaugurar este espacio que fortalecerá nuestro trabajo regional
y nacional”, concluyó Sandra Gacitúa.
El milagro del desierto comienza mucho antes de la lluvia
Para José Hernández, comprender estas especies también significa entender la
historia natural del territorio.
“Cuando vemos el desierto florido creemos que aparece de la nada, pero
detrás hay procesos evolutivos de miles de años. Estas especies
permanecen esperando bajo el suelo hasta que las condiciones permiten
volver a emerger”, explicó.
La investigación busca justamente responder preguntas que hasta ahora seguían
abiertas: qué existe bajo el desierto, cómo protegerlo y cómo asegurar que
continúe formando parte del paisaje natural del norte de Chile.
